domingo, 19 de abril de 2015

¡¡¡Más mitos para disfrutar de la lectura!!!

    Chicos, acá tienen dos mitos para disfrutar de la lectura e ir practicando para la próxima evaluación de lengua. ( características, personajes y estructura de los mitos)
                                                                           Saluditos. Seño Naty


            " DE CÓMO EL FUEGO FUE DEVUELTO A LOS HOMBRES"


     En el Olimpo, el monte donde vivían los dioses griegos, no todo era paz y armonía. Con frecuencia los dioses se peleaban porque alguno despertaba los celos de otro o intervenía en sus asuntos. Quien allí gobernaba era Zeus, y había que obedecer sus decisiones porque tenía un carácter muy vengativo y sanguinario: su palabra era la ley, y si a alguien no le gustaba, más valía que pensara dos veces antes de enfrentarse a su cólera. A pesar de ello, hubo quienes se animaron a desafiarlo. Por ejemplo, su primo Prometeo. Prometeo había luchado junto a Zeus contra los titanes, la raza de dioses más primitiva y más violenta, y lo había ayudado a conquistar el trono del Olimpo. En cierta ocasión surgió una disputa sobre qué partes de un animal sacrificado debían ser ofrecidas a los dioses y con cuáles debían quedarse los hombres. Prometeo fue designado juez en la contienda. Sacrificó un animal y colocó su carne cubierta por las vísceras en una bolsa, y los huesos cubiertos por la grasa atractivamente distribuida, en otra bolsa. Luego, le pidió a Zeus que eligiese una de ellas. El dios, dejándose llevar por el aspecto, eligió la segunda. A partir de entonces, los hombres se quedaron con la carne y ofrecieron los huesos y la grasa a sus dioses. Zeus, enfurecido por la artimaña de Prometeo, exclamó: —¡Comerán la carne, pero la comerán cruda! —y les quitó el fuego. Así los hombres no solo pasarían hambre, sino que además quedarían expuestos al frío y al ataque de los animales. Decidido a enfrentar a este dios desalmado y a beneficiar a los pobres humanos, Prometeo robó un poco del fuego sagrado del Olimpo y se lo devolvió a los hombres. Y no le bastó con eso: como veía que estos vivían a tientas, confundidos, sin saber muy bien qué hacer ni adónde ir, les enseñó a dominar las artes más útiles (matemáticas, medicina, navegación, astronomía) y les explicó también que podían usar el arado y los animales para trabajar la tierra, y que con la madera podían construir casas en lugar de habitar en cuevas oscuras y húmedas como las bestias. Prometeo hizo una cosa más: encerró en una caja todos los males que andaban sueltos por el mundo (la envidia, la enfermedad, la locura, el vicio y la pasión) y le pidió a su hermano Epimeteo que la mantuviera oculta en su casa y que no la abriera bajo ninguna circunstancia.
     Zeus estalló nuevamente en indignación: —¡Necio Prometeo! ¿Hasta cuándo se burlará de mí y se empeñará en hacerse pasar por el benefactor de esos desgraciados? Y sin demora planeó su venganza, una venganza que tenía dos destinatarios: Prometeo, por un lado, y los hombres, por otro. Primero le pidió a Hefesto, el dios del fuego, que fabricara una mujer de barro, a los cuatro vientos, que le infundieran aliento, y a todas las diosas, que la adornaran. Esa mujer, llamada Pandora, la más hermosa jamás creada, fue enviada por Zeus, como regalo de los dioses, a Epimeteo, el hermano de Prometeo. Pero antes, Zeus mismo se había encargado de inspirar en Pandora cierto rasgo de carácter muy útil para sus planes: una extremada curiosidad. Epimeteo se enamoró de Pandora en cuanto la vio. Se casó con ella y le confió el cuidado de su casa. Y también de la peligrosa caja. Cierto día, Pandora no pudo resistir su natural inclinación y la entreabrió para saber qué contenía. Y sucedió lo que tenía que suceder: inmediatamente todos los males se desparramaron por el mundo de los hombres y solo quedó, atrapada en los bordes de la caja, la esperanza. En cuanto a Prometeo, Zeus ordenó que lo encadenaran, desnudo, a un pilar en las montañas del Cáucaso, donde un ávido buitre le arrancaba trozos del hígado durante el día, causándole un dolor que no tenía fin pues cada noche el hígado volvía a crecer hasta estar nuevamente entero. Aun sufriendo el horror de esa tortura, Prometeo se negó a rogar a Zeus que lo perdonara, porque en su corazón no sentía arrepentimiento alguno por haber favorecido a los hombres. Y además tenía todavía una carta que jugar: él sabía, porque poseía el don de ver el futuro, que un héroe lo liberaría de sus cadenas y mataría al ave carnicera, y sabía también que si Zeus quería conservar su poder tarde o temprano debería recurrir a sus dotes de adivinación. De esta manera, en la inmensa soledad de ese monte, alejado de los dioses y de los hombres, Prometeo esperaba que su destino se cumpliera. Mito clásico, versión de Pamela Archanco.


                             " EL VIAJE DE THOR"


Thor, el dios del trueno, había emprendido un largo viaje hacia Oriente en un carro tirado por chivos. Lo acompañaban Loki, dios del engaño, y algunos criados entre los que se encontraba Thjalfi. Después de varios días, llegaron a la tierra de los gigantes, donde enfrentaron un extenso bosque por el que caminaron hasta el anochecer. Encontraron entonces una cabaña, cuya puerta era tan ancha como la cabaña misma, y decidieron refugiarse en ella. A medianoche sintieron un gran estruendo, la tierra tembló bajo sus pies y la casa se estremeció. Encontraron una pequeña celda y allí se resguardaron mientras esperaban la llegada del día escuchando gruñidos y estrépitos. Al amanecer, Thor salió martillo en mano y vio a un hombre de gran tamaño que dormía y roncaba fuertemente. Thor ciñó su cinturón, que aumentaba su fuerza divina, y en ese momento se despertó el gigante. Por una vez, dudó Thor antes de golpear y le preguntó: —¿Cómo te llamas, hombre gigante? —Skrymir —fue la respuesta que sonó como rugido—. ¿Te ha traído dulces sueños mi guante? Entonces comprendió Thor que la cabaña no era cabaña. Y que era mejor esperar un momento oportuno para enfrentar al gigante. —¿Quieren acompañarme? Puedo compartir mis provisiones —ofreció Skrymir. Thor y Loki aceptaron y anduvieron todo el día tratando de alcanzar las grandes zancadas del gigante. Cuando se hizo de noche, Skrymir les buscó refugio bajo un gran roble, se echó a dormir y los invitó a comer lo que quisieran. Thor intentó desatar la bolsa, pero increíblemente no pudo mover ni un nudo. Enfadado, se fue hacia donde dormía el gigante y le asestó un martillazo. Skrymir se despertó. —¿Me ha caído una hoja en la cabeza? Eso me parece —dijo el gigante. Y luego los invitó a dormir, cosa que Thor y Loki hicieron aunque no sin miedo. A mitad de la noche, Skrymir se puso a roncar de tal manera que el bosque retemblaba. Thor se levantó molesto y lo golpeó de nuevo hasta clavarle medio martillo en el occipucio. Skrymir volvió a despertar y achacó el golpe a alguna bellota que le hubiese caído... Thor, impresionado, lo conminó a dormirse y se volvió a la cama. Cuando vio que el gigante dormía de nuevo, volvió a golpearlo en la sien, clavándole el martillo hasta el mango. Skrymir se despertó otra vez y, frotándose la cabeza se quejó de los “pajarillos que habían hecho caer sobre él alguna ramita”.
    Viendo a Thor creyó que ya era hora de levantarse. Skrymir tomó su bolsa y continuó viaje, no sin antes recomendarles que si iban a la ciudad de Utgard no se hicieran los bravucones, pues allí había hombres que los empequeñecían. Pronto Thor y sus compañeros se toparon con una fortaleza tan alta que tuvieron que doblar el cuello sobre la espalda para verla en toda su longitud. Una verja les cerraba el paso y Thor no consiguió abrirla, pero era tan grande que pudieron pasar entre los barrotes. Vieron una gran sala, y hacia allí se dirigieron. En la sala había dos bancos en los que estaban sentados hombres enormes. Se dirigieron al rey Utgard que tardó en mirarlos y lo hizo con una sonrisa burlona, adivinando quién era Thor y retándolos a exponer sus mayores habilidades, pues estaba seguro de que entre su gente habría quien los superara en todo. Loki se adelantó y lanzó su desafío: nadie podría comer más rápido que él. Llenaron dos artesas de carne y llamaron a un tal Logi. Loki comió la carne tan rápido como pudo, pero en el mismo tiempo Logi devoró, además, los huesos y la artesa. Entonces Thjalfi, el criado de Thor, se ofreció para probar sus fuerzas corriendo una carrera contra quien Utgard designara. Salieron a una pista, y Utgard llamó a Hugi, uno de los suyos. Echaron a correr y Hugi iba tan adelantado que dio la vuelta cuando Thjalfi aún no había salido. —Ha visto hombres con pies más ligeros —se burló Utgard—. ¡Jueguen nuevamente! Y Thjalfi fue derrotado en la segunda carrera. Y en una tercera… —¿En qué te sientes seguro como para competir? —desafió Utgard a Thor. —¡Nadie tiene más resistencia que yo bebiendo! —se envalentonó el dios. Utgard ordenó que le trajeran un cuerno de bebida y le dijo: —Pensamos que beber bien este cuerno es hacerlo de un solo trago, pero hay algunos hombres que lo terminan en dos tragos, y no hay ninguno que sea tan mal bebedor que no lo apure en tres... Thor miró el cuerno y no le pareció muy grande, aunque sí algo largo. Tenía mucha sed así que empezó a beber y dio un gran trago pensando que no tendría que volver a empinar el cuerno. Pero cuando se quedó sin respiración, dejó de beber y para su sorpresa ¡el nivel casi no había variado! —Creía que el dios del trueno podría dar un trago mayor —dijo Utgard. Sin decir nada, Thor volvió a empinar el cuerno y bebió hasta la congestión, viendo que el extremo delgado no se empinaba todo lo que él hubiese querido. Cuando miró el interior, descubrió que el nivel había descendido menos que antes...
  —No podrás decir que eres tan grande como dicen los hombres si no das en otros juegos más que en este —se burló Utgard. Thor se enfadó y bebió de nuevo tanto como pudo, pero volvió a comprobar que el nivel del cuerno no había descendido prácticamente nada. Como no podía beber más, entregó el cuerno. Utgard lo desafió entonces a probarse en otros juegos y Thor, intrigado, aceptó. Utgard le ofreció que intentara levantar del suelo a su gato, algo que hasta los niños de allí conseguían. Era un gato grande y Thor le puso la mano en la tripa y tiró para arriba, pero cuanto más subía la mano, más arqueaba el lomo el animal. Cuando Thor llegó tan alto como pudo, todo lo que consiguió fue que el gato levantase una de sus cuatro patas. —Tal como suponía, Thor es demasiado pequeño comparado con nuestros hombres —repetía Utgard a quienes estaban a su alrededor. —¡Que venga alguien a luchar conmigo, si se atreve! —gritó Thor enfadado. —Ninguno de mis hombres tiene la más mínima oportunidad contra ti. ¿Te animas a luchar contra Elli, mi vieja nodriza? Ella ha vencido a hombres todavía más corpulentos que tú. Thor aceptó, descreído de la fuerza de la mujer. Pero mientras luchaban sucedió que cuanto más empeño ponía en derribarla, más firme permanecía la anciana. La vieja comenzó a hacerle presas, y Thor no tardó en hincar la rodilla. Entonces Utgard le pidió que cesara la lucha, y como ya oscurecía, dio a Thor y a sus compañeros un sitio para retirarse y pasar la noche. Al día siguiente, cuando se disponían a marchar, Utgard los acompañó hasta fuera de la fortaleza. —No espero que vuelvan nunca jamás por aquí. Soy Skrymir —confesó el famoso y poderoso gigante—, y desde nuestro encuentro les he provocado alucinaciones… Así descubrieron que Thor había estado golpeando tres colinas en lugar de la cabeza de Skrymir, quien hubiera muerto al primer golpe. Loki había competido en realidad con el Fuego, que en segundos había quemado hasta la artesa. Thjalfi se había enfrentado a Hugi, que era el Pensamiento, y no hay nada más rápido que él. El cuerno del que había bebido Thor tenía un extremo en el mar, y los sorbos del dios hicieron que se produjese un reflujo, dando origen al movimiento de las mareas. Y al ver cómo el gato levantaba la pata todos se asustaron, pues ese gato era la serpiente de Midgard, que rodea toda la tierra como océano y que Thor levantó hasta el cielo. En cuanto a la pelea contra la vieja Elli, ella era Tiempo encarnado, y ¿quién ha podido vencerlo? Así Utgard había protegido su fortaleza con encantamientos para que nunca más la encontraran ni tuvieran poder sobre su pueblo. Cuando Thor oyó esta revelación, levantó iracundo el martillo dispuesto a aplastar a Utgard y a toda su fortaleza, pero ya nada había ante sus ojos.
                                                                   Mito escandinavo, versión de Pamela Archanco.


                                                                        ¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!

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